¿TIENE ALGUN SENTIDO LA FRANCMASONERIA
EN LOS ALBORES DEL SIGLO XXI?
por Josep Corominas

Panamá 12 de Septiembre de 2003

Bastante a menudo podemos ser interrogados, desde el mundo profano, sobre si la Francmasonería tiene aún algún papel a desempeñar para la Sociedad estos albores del Siglo XXI. Esta cuestión puede plantearse con la siguiente pregunta, ¿continua teniendo sentido la existencia de la Francmasonería y cuál es este sentido?.

Para responder a esta cuestión es necesario analizar cuales son los principios fundamentales de la Institución. Su análisis nos debe permitir ver si estos principios continúan siendo válidos o si es necesario cambiarlos y modernizarlos como algunos sostienen. La Institución tiene como base principal la agrupación de hombres libres que, en aras de esta libertad individual, preconiza la libertad de ideas y propugna que los habitantes de cada país sean ciudadanos y no súbditos. Por ello resulta necesario para el desarrollo de sus trabajos la existencia de estructuras democráticas en la Nación o Estado en que trabaje. Esta primera constatación nos lleva a señalar la importancia que tiene el binomio Democracia - Francmasonería.

Como todos ya conocemos la Francmasonería es una Orden iniciática que tiene componentes exotéricos y esotéricos y que se conforma como una forma peculiar de moral, velada por alegorías y que se explica mediante símbolos y que por tanto son estos valores morales los que defiende la Institución y los que intenta inculcar a sus miembros para que en éstos se produzca una mejora personal que luego pueda ser proyectada al exterior. De poco sirve que uno sea excelente si sólo queda encerrado en sí mismo. Esta proyección no de la Institución por si misma sino de los miembros de la misma es fundamental para la mejora y desarrollo de la Humanidad.

Son los valores éticos de la tolerancia, de la comprensión del amor fraterno, de la solidaridad, etc., los valores que defiende la Institución y que intenta inculcar a sus miembros mediante símbolos. Precisamente se trata de una Institución que intenta recoger no sólo las tradiciones de la Edad Media, sino tradiciones más antiguas que se han ido transmitiendo por vía iniciática. Ello quiere decir que estos símbolos pueden tener distintos tipos de profundización y nos han de permitir hacer distintos niveles de lectura de los mismos. Es evidente que la significación de los conceptos de libertad,  de igualdad, de amor fraterno, de solidaridad, etc., no es la misma en el siglo XVIII que en la actualidad.

Nuestros antiguos Hermanos Operativos, ante los cambios que se produjeron en los últimos años del Siglo XVII y primeros del Siglo XVIII, se plantearon la necesidad de dar continuidad a los principios y valores que habían inspirado la Francmasonería operativa y decidieron dar el paso a la Francmasonería especulativa. Probablemente una de las razones fundamentales fue la necesidad de defender unos principios de tipo filosófico y ético - morales como fruto de una determinada espiritualidad y que no eran los mayoritariamente establecidos en la Sociedad de aquellos tiempos.

En efecto puede observarse que en aquellos tiempos lo que predominaba en Europa eran los Imperios y Reinos autocráticos, con menosprecio de la realidad individual del ser humano y la no existencia de libertad, solidaridad, tolerancia, etc. Por ello aquellos constructores de Templos decidieron que había llegado el momento de construir otro tipo de Templos, el Templo individual, albergue de la Verdad, que pudiera servir de faro y guía al resto de seres humanos. De ahí que desde un primer momento tuvieran muy clara conciencia de que era necesario un trabajo individual de mejora personal.

Para este trabajo utilizaron las mismas herramientas que los constructores operativos empleaban pero de un modo simbólico, dándoles un valor moral que transmitiera la significación necesaria para alcanzar los objetivos que se habían propuesto. Esta mejora personal y esta construcción del Templo individual no debía, sin embargo, quedar circunscrita al ámbito meramente personal sino que debía trascender a la Sociedad, no por determinaciones institucionales sino por la irradiación energética de los miembros de la Institución.

La utilización, como norte y guía de los trabajos, de las tres grandes luces han marcado el camino que debían seguir sus miembros en esta tarea de perfeccionamiento y mejora. El Volumen de la Ley Sagrada nos ha de llevar hacia la Verdad, indicándonos los deberes que tenemos como hombres, la Escuadra la forma de regular adecuadamente nuestra vida y nuestras acciones y el Compás nos señala el papel que la mente creadora debe de desempeñar para alcanzar las más altas cotas de perfeccionamiento. Los principios y valores que la Institución promovía entre sus miembros eran fundamentales para que al traspasarse a la Sociedad, ésta pudiera experimentar una evolución positiva y crecer dando a cada ciudadano las posibilidades de desarrollar al máximo sus potencialidades.

Este perfeccionamiento personal que la Francmasonería inculca a sus miembros y que se traduce en la expresión simbólica de que el trabajo debe consistir en ir desbastando nuestra piedra bruta para irla pulimentando hasta poder alcanzar como meta final, límite al que tendemos, el convertirnos en una piedra cúbica perfecta, sin asperezas y con las aristas bien talladas.  Tal como ya hemos indicado este cambio individual debe trascender y proyectarse hacia el entorno y expandirse a toda la Humanidad. Pensamos que este principio queda perfectamente reflejado en parte de la exhortación que se le hace al Venerable Maestro después de su instalación como dirigente de la Logia; en ella se le dice que debe “tomar como modelo el astro glorioso de la Naturaleza que, levantándose por el Este, esparce la Luz, iluminando todo lo que está a su alrededor”, añadiéndole a continuación que debe “impregnar a todos los Hermanos del espíritu de grandeza y del alto alcance de la Francmasonería, prescribirles que nunca deben deshonrarla y ordenarles que practiquen fuera de ella los deberes que les han sido inculcados en el seno de la Logia y que así puedan demostrar al mundo, mediante una conducta virtuosa, afable y discreta, la feliz y bienhechora influencia de nuestra Antigua Institución, con el fin de que al solo nombre de Masón el mundo esté convencido de que aquel que lo ostenta es uno de aquellos a los que los afligidos pueden confiar sus penas, los desgraciados pedir ayuda y protección, uno de aquellos cuyo brazo está armado por la justicia y cuyo corazón rebosa amor”.

Pasemos ahora a enumerar cuales son las principales características que conforman nuestra Institución y que son:

El simbolismo
La fraternidad
La espiritualidad o religiosidad, entendida como una emoción fundada en la convicción de una armonía entre nosotros y el universo,
que la hace compatible con las diversas formas de religiosidad, tanto la aconfesional como la propia de las distintas confesiones
La racionalidad

La Francmasonería se propone un constructivismo universal que conlleva una socialización propia de la Francmasonería consistente en una “acción social en la Historia”. El nuevo Templo de Salomón que ella se propone reconstruir, aunque sea ético - espiritual, tiene que proyectarse, necesariamente, en la Historia. Ya en sus inicios esta idea estuvo presente y algunos autores la consideran un “pilar fundamental” de la Institución. André Ramsay en 1736 ya indicaba que el fin de la Francmasonería es el reunir “los espíritus y los corazones, para tornarlos mejores y formar, en el transcurso del tiempo, una nación absolutamente espiritual, en la que se creará un pueblo nuevo el cual, compuesto de muchas naciones, las cimentará a todas de alguna manera por el vínculo de la Virtud y de la Ciencia”. De ahí la universalidad de la Institución que se manifiesta en expresiones tales como fraternidad universal, cadena de unión, unidad institucional pero con total autonomía y soberanía de los varios Estados existentes y regularidad  que trata de mantener ese carácter unitario.

Entre los Siglos XVIII y XIX lo global en Europa, eran los imperios y reinos autocráticos, junto con las potencias coloniales, y por ello la Francmasonería se inclinó a favor del individualismo y de la ecuación entre nacionalismo y democracia le llevó a que ante determinadas situaciones adoptara una cierta una actitud revolucionaria, pero ello se debió a una coyuntura muy especial. Es lo que ocurrió en Francia, en Italia, en España, en América del Norte y en la del Sur. Porque la Revolución liberal que sirvió para introducir en la Sociedad el germen de lo esencial de los principios masónicos, tuvo una cierta conexión con las tendencias de las Logias o, al menos, de determinados Masones que fueron influyentes por su actuación política. Pero ahora, a partir de la segunda mitad del Siglo XX, con dos guerras mundiales, la nueva ecuación entre nacionalismo y fascismo, el peligro de la guerra atómica, el carácter necesariamente global de la Ecología, etc., la Francmasonería ha tenido que recobrar esa visión ecuménica que, para Anderson y Ramsay, era su principal característica.

Las perspectivas propias de la Francmasonería, en cuanto que se relaciona con la actividad pública de sus miembros como ciudadanos, serían las siguientes:

La Globalidad (acción en común, amplitud de visión, universalismo)
La Fraternidad que opera en distintos planos:
- Como una relación especial de afecto entre los miembros de la Orden y que se manifiesta en la ayuda mutua.
- Como un vínculo objetivo que les liga entre sí, en la Cadena de Unión dando cohesión social
- Como el carácter de la Institución misma, que es una Fraternidad o fratría que exige el reconocimiento del otro
- Como la proyección de todo ello en la Sociedad exterior, en la comunidad universal de los seres humanos.
- En la Institución tiene que coordinarse la fraternidad (que como la igualdad, es una relación horizontal,
cuyo símbolo es el nivel, con el deber de servicio y de disciplina, que es una relación vertical, cuyo símbolo es el mallete).
La Libertad (de conciencia, de expresión, de creatividad individual y en general las de carácter democrático.
La libertad de opinión es la primera y más sagrada de todas las libertades
La Igualdad (en cuanto al punto de partida, al acceso de la salud y a la enseñanza y a la supresión
de todo lo que fuere discriminatorio o arbitrario, es decir “igualdad en la dignidad”).
La Tolerancia que supone la legitimidad del pluralismo, en cuanto a la religión y a la cultura.
Negación del integrismo o de cualquier otro radicalismo, dentro de la religión o de la política.

La Francmasonería trata de ser el Centro de la Unión para todas las posiciones religiosas, etnias y nacionalidades, filosofías y tendencias políticas, por lo cual:

Tiene que mantener una estricta “imparcialidad” y “objetividad” entre todas ellas
Rechaza toda clase de integrismos o fundamentalismos (integrismo religioso, musulmán, hebreo, cristiano, etc.
así como también los integrismos nacionalistas, xenofobia, etc.)
Tiene que apoyar la paz y la democracia, y estar en contra de la guerra y la violencia
Debe buscar las vías de conciliación o mediación, para la resolución de toda especie de conflictos

¿Quiénes son, por tanto, los enemigos básicos de la Francmasonería?. Los enemigos de la Francmasonería no son nunca los hombres son los conceptos, las ideas que se oponen al progreso, los enemigos son el fanatismo, la ignorancia, la ambición, etc., y es contra estos enemigos que ha luchado continuamente la Francmasonería.

En estos albores del Siglo XXI podemos observar como en diferentes formas estos enemigos continúan estando presentes. La sociedad occidental está haciendo especial énfasis en estos valores negativos y continua haciendo que “el hombre sea un lobo para el hombre” al realizar afirmaciones tales como las que señalan la existencia de ejes del mal y por tanto la existencia de seres poseedores de la bondad y otros de la maldad con lo que ello conlleva no dejan de ser ejemplo de ello.

El primer enemigo, los fundamentalismos de determinadas confesiones políticas o religiosas, los fanatismos que hacen que sólo yo esté en posesión de la verdad y nadie más que yo esté en posesión de la verdad; hace que estos fanatismos comporten una  falta de libertad real, ya que su objetivo es que haya un pensamiento único, en la que todo el mundo vea a través de la forma que yo explico ya que estoy en posesión de la verdad absoluta está cada vez más presente.

El segundo enemigo que continua vigente en el Siglo XXI es la ignorancia. Parece un poco paradójica esta afirmación, pero hay algunos elementos que nos permiten sostener esta afirmación. El hecho de que las tecnologías hayan avanzado, de que la comunicación sea muy rápida, de que hoy podamos utilizar Internet y ponernos en contacto inmediato con todo el mundo, etc., podría dar lugar a pensar  que ha disminuido el nivel de ignorancia pero yo creo que lo que hace es aumentarlo ya que hace que la gente piense menos, tenga menos criterio, sea menos libre y por tanto la prueba la tenemos en que si analizamos los diferentes medios de información y de comunicación vemos que cada vez están más globalizados, son más idénticos, y con ello se produce una menor capacidad de pensamiento; esto mismo podemos observarlo también en una formación académica mucho más cerrada, más tecnocrática y con menos capacidad creativa individual. Hoy estamos muy lejos de conseguir aquello que se alcanzó en la primera mitad del Siglo XX y por ello la ignorancia va aumentando y a medida que aumenta la ignorancia aumentan los problemas y hace que el desarrollo de la humanidad se estanque.

El tercer enemigo tradicional para no entrar en otros muchos, es la ambición, el fenómeno más característico de la civilización occidental de finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI. ¿En qué se traduce esta ambición?. Se traduce en señalar que una persona no vale por lo que es sino por lo que tiene, que lo importante es el triunfo social, que lo importante es la competitividad, y que lo importante es el consumismo, lo que yo pueda comprar y cuantas más cosas pueda comprar más importante seré. Esto hace entonces que haya insolidaridad, que el ser humano que tengo delante es un adversario al que debo batir para que yo pueda triunfar, etc. Por tanto estamos en plena vigencia de aquellos elementos, enemigos, que nuestros antepasados ya consideraban que eran grandes problemas y por los cuales  fueron evolucionando en una Institución como la nuestra.

En esta época en que se está imponiendo el pensamiento único y la globalización que sirven para que el ser humano sea menos libre, aumenten las desigualdades y se incremente la insolidaridad los valores que nosotros defendemos son la antítesis de estos valores negativos que se van extendiendo en nuestra cultura. Ante, los fanatismos la tolerancia, es decir, admitir al que es distinto, aceptar que otro pueda pensar de forma distinta a la nuestra, admitir que nadie está en posesión de la verdad absoluta, y que las diferentes visiones por tanto son, en todo caso, facetas y caras de una verdad absoluta que cada uno observa y que a veces como caras opuestas de una misma figura, podría parecernos que son antagónicas cuando en realidad no lo son. Esta tolerancia que nos ha de permitir aceptar al diferente, al extraño, que nos ha de permitir conocer mejor al otro y cuando mejor conozcamos a las personas más disminuirá el racismo y la xenofobia, factores que hoy día continúan teniendo un peso importante en nuestra sociedad. Este es un valor importante en el que debemos profundizar para intentar compensar, contrarrestar y anular con nuestro ejemplo y nuestra acción, en el entorno en que nos movemos, los males que el fanatismo posee.

Ante la ignorancia, el conocimiento, el conocimiento personal, el conocimiento enriquecedor, el conocimiento que ha de permitir que el ser humano sea capaz de poseer criterios propios, de poseer unos parámetros que le han de permitir analizar si aquello que ve, o aquello que le dicen, reúne o no las condiciones y valores que se le intentan inculcar. Actualmente en algunas ocasiones parece que lo más importante es negar una realidad, ya que de esta forma hace que ésta no exista. Es necesario que fomentemos al máximo el conocimiento, la comprensión el que volvamos a los valores de la educación de extraer  de cada uno lo mejor de lo que disponga y de conducirle a niveles más altos.

Ante la ambición y la insolidaridad, la solidaridad, el amor fraterno, la fraternidad o hermandad  en general, para luchar precisamente contra este valor que parece ser uno de los valores más característicos de finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI y que ya se implantó poderosamente a mediados de los años 50, del Siglo pasado, en las sociedades más desarrolladas  y cuyo exponente quedaba perfectamente claro en un texto de psicología titulado “Los trepadores de la pirámide”. En él se explica perfectamente lo que uno debe hacer para alcanzar la cúspide de esta pirámide social donde una serie de individuos intentan ascender a la misma por sus distintas caras y la tarea que debemos hacer es tirar de los que están por encima y dar coses a los que viene por debajo para que no nos alcancen. Esto es la antítesis de la solidaridad, la antítesis del amor fraterno, la antítesis de esta situación, por tanto creo que es un valor importante.

Por ello en la Declaración de Lausana de 1995 de los Supremos Consejos se señala que es misión de la Orden la propagación y defensa de la libertad de espíritu en los límites de la Ley Moral para el bien del conjunto de los seres humanos y que en la actualidad se están viendo por todas partes “fundamentalismos de todas las tendencias tratando de ahogar la libertad de los hombres bajo el yugo del terror” lo que justifica plenamente la necesidad de persistencia de nuestra Institución.

En este sentido querría decir cuales son las perspectivas de la Francmasonería para el Siglo XXI, ¿tiene ésta sentido o a quedado anticuada, una cosa para viejos o nostálgicos?. Creo que tiene un sentido básico. No es una ONG, no es una secta, no es una religión, es una forma de moral personal con proyección externa que defiende unos valores que continúan siendo vigentes, por tanto yo pienso que si sabemos explicar esta vigencia de los valores, explicándolos no respecto a la tiranía, o en relación con el absolutismo de las monarquías que existían en el Siglo XVIII y en el Siglo XIX sino con la configuración actual que presentan estos enemigos seculares de la Francmasonería, ella tiene un porvenir positivo. Yo soy optimista en el futuro de la Francmasonería. Si convertimos la Institución en una ONG seguro que no tenemos futuro hay gente que lo hace mejor de lo que podemos hacerlo nosotros, si lo único a que nos dedicamos es a hacer una especie de psicodrama entre nosotros pero sin profundizar en los principios esotéricos y en la tradición iniciática que como ya he dicho viene de muy lejos, también pierde interés y entonces si que tendría poco futuro. Pienso que manteniendo los principios básicos y manteniendo las raíces que son por su propia transmisión, desde hechos antiguos, raíces básicas, raíces profundas tenemos un futuro esperanzador que espero permita alcanzar a la Francmasonería un nuevo esplendor en el Siglo XXI, ya que una Institución como la nuestra es básica para la mejora de la Humanidad.

Para finalizar querría señalar la importancia que tienen nuestras reuniones en Logia, con unas palabras del Hermano Fichte el cual decía que “la Francmasonería es una especie de escuela de formación multidisciplinaria en la cual por el hecho de reunir en el seno de sus Logias a Hermanos de diferentes procedencias, aptitudes y conocimientos forzosamente hace que cada uno de los miembros que se encuentran deba extraer algunas conclusiones; la primera de las cuales de forma indudable es la de que no sólo nosotros tenemos una idea sino que también los otros Hermanos tienen ideas, que los otros pueden aprender de nosotros, pero que nosotros también podemos aprender de ellos y que el conjunto de lo que cada uno manifiesta, el conjunto de las aportaciones de los diferentes Hermanos en la Logia hace que salgamos mucho más enriquecidos y que el todo que cada uno se lleva es siempre mucho más que la suma de las partes”.

La necesidad de implantar valores, valores trascendentes, valores que superen los propios aspectos humanísticos y tengan en cuenta los aspectos trascendentes es lo que da sentido a nuestra Institución. Y debemos hacerlo con lo que es la tradición propia de la Francmasonería, sin necesidad de puestas al día o cambios que no respeten la tradición. Pienso que la sociedad, especialmente la sociedad joven, empieza a demandar la existencia de instituciones que den estos valores y que hasta ahora no los ha encontrado, probablemente porque no hemos sabido explicarlo, y ha hecho que muchos jóvenes vayan a las ONG's o que muchos jóvenes vayan a buscar estos valores tradicionales en filosofías no propias de nuestra tradición, sino en otras culturas, como por ejemplo las orientales. Pero es evidente que existe un núcleo importante de jóvenes que se mueven en este sentido y cuando encuentran algo que reúne estas condiciones se comprometen con las Instituciones que lo propugnan. El futuro es de la Francmasonería y deben verse sus frutos a no muy largo plazo.

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